Crónica de una Campechada

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Esta crónica es construida con varios días de Campechada.  Su intención es simple, hablar del arte, la cultura y la experiencia en la ciudad.


Redacción/ Escrito por Javier Martínez / Check this other sites: Tinta(a )Diario / Crónicaurbana el blogCrónicaUrbana  /  Catálogos de arte /  Cultural Auction Items


Crónica de una Campechada | Autogiro Arte Actual

Partí de la estación de Sagrado Corazón. Tan solo me tomó quince minutos llegar al viejo San Juan, son las nueve de la mañana y me enfilo hacia la Plaza de Armas, terreno familiar, aún se están acomodando los artistas, y artesanos una gran variedad que va desde lo mediocre a lo excelente, pero necesarios todos en un sistema de capital que los obliga a moverse. 

Pido un café en el kiosco de la plaza el llamado Cuatro Estaciones, ese que fácilmente debe llevar sobre 20 años, pienso por un instante que deberían celebrarlos , ¿te acuerdas cuando era 24 horas, bajabas a las tres de la mañana y te dabas el palo de cafeína?–.  Contemplas, te conectas, la red de Internet de la ciudad inaugurada recientemente parece no estar funcionando, pero tal vez solo estoy distraído; así como las abejas estacionales que se posan sobre mi vaso, ¿Porque sueñan las abejas con dulces elixires en vasos de polietileno? 

A unos pasos esta la Casa Alcaldía que recibe en su Galería la obra de Myrna Báez,  homenajeada de esta Campechada.  Horas antes alguien me comentaba que esta muestra tenía desaciertos, observo la exhibición, me percato del escogido hecho por la artista, fue humilde en su selección, un retrato, un gallo, un puente entre vegetación, una mona lisa replanteada, unas vacas en el campo, una mujer reclinada en un sofá, me lo disfruto, es lo que estudié en la Escuela de arte, y caigo en cuenta del aporte de intimidad que le da la artista al grabado, a la franqueza de sus espacios privados y  pienso en su lesbiandad, algo que no verás comentado en la prensa y que pasa por mi mente en la medida de entender como se muestra el deseo en su obra; me percato que la homenajeada es mortal, comete errores, un biselado sucio, un borde sin la presión indicada, algunas piezas maltratadas por nuestro clima, –ssshhh, calla, le vas hacer daño al grabado, a la obra en papel, no hables de eso la obra debe durar toda la vida–.

El espejo de Myrna es el nuestro y a su vez es el refugio donde podemos ser verdaderos, graciosos, astutos, profundos y sabrosos, pero tan solo en el reflejo.  Piénsalo, el espejo proyecta la película mejorada, esa, lo que debemos ser.  Abandono la sala y al mirar la plaza no veo la suciedad que de cuando en vez alguien comenta que se percibe en la ciudad, tal vez es charla cotidiana, similar a esa cuando hablamos del calor o acerca de los turistas que transitan el casco, tal vez sea peor, mi ceguera, mi incapacidad para percatarme.  ¿Cuántas cosas dejamos de percibir en medio de esta vorágine, en el centro de todo este ruido

Un murmullo se oye a la distancia y ya la mirada enfocada me indica que es una parranda de navidad que se acerca por la calle, los niños de la escuela Abraham Lincoln cantando villancicos para ser escuchados por las paredes de la isleta.

Mis pasos se dirigen a la San Sebastián, la callepero antes me detengo en El Corralón ese espacio para el teatro y otras actividades que de forma gratuita le expone a los ciudadanos la riqueza de la vida en la ciudad, es aún temprano para alguna representación pero en el segundo piso, una galería, muestra la obra de Yehimar Abyisys una exhibición titulada Iconos espirituales, disfruto de una pieza titulada San Tito.  Esta se muestra en una sala a oscuras que resulta una grata sorpresa pues nos hace olvidar las paredes y concentrarnos en las obras con un ingenioso y práctico montaje que hace que las piezas brillen en la oscuridad.

Pienso que los dibujos podrían haber estado colocados a una altura menor, a vista del espectador para disfrutar de su intimidad pero agradezco el que nos transporte a otro espacio.  En mi recorrido me topo con una comparsa con decenas de jóvenes que cargan con objetos y elementos presentes en la obra de la artista homenajeada en esta Campecheda.

Al subir la calle San José y para recuperar el aliento me detengo a observar por milésima vez los retratos hechos en la técnica xilográfica y que yacen pegados en la pared de un edificio, estos son ya parte de la ciudad,  justo homenaje para artistas del grabado por otros artistas del surco en madera.  Estas obras posan para los cientos de admiradores que se fotografían frente a ellos. 

Albizu y sus pitirres del artista Dennis Mario los observa en silencio acompañado de la imagen fotográfica, a escala real, de Oscar López, la cual recubre una pared y una esquina y que nos recuerda los tiempos del Museo sin techo bajo sol y agua.

Más adelante en la calle San Sebastián un rollo de papel cuasi alfombra cubre los adoquines y el artista Jorge Sierra invita a los presentes, niños y adultos a expresarse. 

La calle llena de artistas vendiendo, creando y demostrando los procesos del arte.  En la plaza San José se está presentando al aire libre la obra de Deborah Hunt, la Casa Voladora en la cual con pantomimas, utilería y una música absorbente se recrean las pinturas y graficas de Myrna Báez, una pieza que hipnotiza y nos provoca la reflexión. 

Todavía falta la mitad del día y ya hemos vivido intensamente la propuesta de esta actividad cultural.  Habrá que analizar la que considero es una fallida decisión de cambiar la fecha del evento a Diciembre (pasadas ediciones fueron octubre y noviembre), lo que al parecer provocó una merma en visitas pero también tenemos que achacarle al municipio y al estado la pobre gestión de prevenir los problemas con el tránsito por la construcción del paseo de puerta de tierra a la entrada de la isleta. 

Mi día termina con encuentros con viejas amistades, una obra de teatro que nos insta a proteger la naturaleza, más exhibiciones, espacios de baile, instrumentos musicales, libros, una escultura viviente como promoción de una película y hasta ver el proceso de conservación de una escultura más real que la viviente, la de Tite Curet Alonso por la artista Luz Badillo, me espera mucha cerveza en la noche, risas, amigos.  Es la ciudad, es la Campechada, es vida.


 

 

 

Reportajes en los medios


Se pueden incluir imágenes de perfiles en Facebook, la red y otros medios. son utilizadas para ampliar la experiencia del lector. Citamos sus procedencia.  Cualquier inconveniente con el contenido se verificará inmediatamente. Comuniquese a: Artegiro[arroba]gmail.com


Javier Martínez  es artista multidisciplinario de Puerto Rico |  Behance / Tumblr

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