Otra exhibición de piezas arqueológicas

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Borikén: culturas precolombinas de Puerto Rico | un Análisis.


Redacción/ Escrito por Javier Martínez /


El artista Esteban Antongiorgi contribuye para Autogiro con una reseña acerca de la exhibición Borikén: culturas precolombinas de Puerto Rico.


     El Instituto de Cultura Puertorriqueña acaba de inaugurar una exhibición arqueológica en el Museo del Municipio de San Juan, titulada Borikén: culturas precolombinas de Puerto Rico. En esta exhibición, el Instituto nos presenta lo mismo que nos ha ofrecido anteriormente en el Museo del Indio (1978), el Museo de Caguana (1985) y la Sala Precolombina del Museo Puertorriqueño (1996). Nos presenta el conocido enterramiento de un aborigen en cuclillas metido en una vitrina, la trillada gráfica de las migraciones indígenas a la Isla, los mismos paneles de texto sobre los temas de siempre (‘el ritual de la cohoba’, ‘la vestimenta y la vivienda indígena’, etc.) y las mismas piezas arqueológicas que hemos visto una y otra vez en exhibiciones recientes. A todas luces es un refrito de proyectos similares organizados por el Instituto durante los últimos treinta años.

El discurso de la nueva exhibición es igualmente predecible: es un calco de sus proyectos anteriores. Nos habla de las migraciones indígenas que llegaron del norte o sur del continente americano, nos habla de los primeros pobladores Arcaicos, a los que cataloga de “rudimentarios” porque desconocían las técnicas de fabricar platos en cerámica, nos habla de los adelantados Taínos, con su “excelente técnica para el tallado en piedra” …hasta llegar a los conquistadores españoles “que declaran la guerra, esclavizan y merman la población indígena hasta extinguirla…” A eso se reduce nuestro patrimonio arqueológico nacional, según el Instituto. Las piezas arqueológicas de esta exhibición permanecen mudas, al igual que los aborígenes del pasado que nada pueden decirnos a los puertorriqueños del 2010.

¿Puede hoy un museo arqueológico hablar de las primeras migraciones a territorio puertorriqueño a través de las islas antillanas que incluyen la Guadalupe, de la ocupación del territorio isleño durante más de cinco mil años y no mencionar, por ejemplo, la resistencia de los descendientes taínos, a través de una guerra abierta contra los conquistadores españoles, organizada precisamente desde la isla de Guadalupe por el cacique mayor Agüeybana y sus comandantes intermedios Guarionex, Aimaco y Mabodomoca? ¿Cómo entender lo que ahora es Puerto Rico si se omite cualquiera de estos movimientos: las migraciones originarias, la domesticación del territorio y, a la vez, los conflictos de la resistencia aborigen a la conquista española? ¿Hasta cuándo vamos a mantener este patrimonio arqueológico nuestro totalmente desconectado del tiempo presente y relegado de nuestra razón de existir hoy como un pueblo diferenciado?

     El personal a cargo de organizar esta exhibición fue el del Museo del Municipio de San Juan, conjuntamente con los empleados del Programa de Arqueología del Instituto de Cultura Puertorriqueña, cuya directora, la arqueóloga mexicana Laura del Olmo, fungió como la curadora de la muestra y la encargada de seleccionar las piezas de la exhibición. La muestra presenta sobre 300 piezas provenientes de distintos museos y colecciones (se exhiben cemíes, cinturones en piedra, asientos ceremoniales, reproducciones de vasijas y objetos de decoración personal), pero en general, la exhibición presenta las mismas piezas que hemos visto en anteriores exhibiciones arqueológicas en el país: el cemí de Santa Isabel, el dujo Oliver, el cuchillo de Montalvo Guenard, etc., etc. Hay piezas del Museo de San Juan, del Instituto de Cultura Puertorriqueña, del Museo de la UPR, de la Universidad del Turabo, y del Municipio de Manatí —estas últimas resultan ser las más novedosas e interesantes de la muestra.

En términos de la información que identifica cada una de las piezas, su redacción es llana, superficial, con datos insuficientes y hasta confusos en algunos casos. Por un lado vemos piezas identificadas con frases que no nos dicen nada que no podamos ver por nosotros mismos: “vasija redonda”, “vasija elíptica”, “hacha en forma de pétalo”, y por otro lado vemos que la mayoría de las piezas está identificada con una sola palabra (hacha, gubia, cincel, buril, mortero, percutor, pulidor) lo que resulta insuficiente para el público que visita este tipo de exhibiciones. Un pequeño número de piezas aparece identificada de forma más clara: “pulidor de coral”, “cuchara de caracol”, “tapa de potiza”, al incluir información sobre la función o el material con que están hechas, pero igualmente aparecen piezas identificadas con palabras totalmente inadmisibles: “antropomorfa”, “zoomorfa- ornitomorfa”, “plano-convexas”, “poliformes”, “navicular-ovoide”, palabras que seguramente confunden más que aclarar las dudas que pueda tener el público visitante.

Esta exhibición está mas bien dirigida a la apreciación estética de las piezas arqueológicas, con un discurso que proyecta los objetos totalmente desconectados del tiempo presente, haciendo referencia a las poblaciones ya extintas que originaron las piezas, pero sin relacionarlas con las nuevas generaciones de puertorriqueños, más allá que de una forma nostálgica. La exhibición intenta crear una frontera ilusoria y tranquilizante entre nuestro presente y el tiempo pasado, al limitar esa conexión con nuestro pasado a una mera mención de “las raíces indígenas que ayudaron a formar nuestra identidad como pueblo.”

El miedo al presente es lo que nos lleva a mistificar nuestro pasado, provocando con ello una doble pérdida: al mistificar los objetos antiguos éstos nos resultan entonces necesariamente remotos y el pasado deja de ofrecernos nuevas herramientas para llegar a mejores conclusiones. Las piezas arqueológicas que se exhiben en el Museo del Municipio de San Juan son un medio potencial que tenemos los puertorriqueños a nuestra disposición para definirnos a nosotros mismos y para situarnos dentro de una cultura en el tiempo, en el pasado y en el futuro. La exhibición Borikén desaprovechó este potencial que tiene el patrimonio arqueológico puertorriqueño. El Instituto vuelve a ofrecernos un flaco servicio de interpretación de ese legado nuestro.

El autor es artista plástico y se desempeña en el campo cultural.

Detalles de la muestra

  • La exhibición inauguró el 27 de mayo 2010 y termina en diciembre de 2010.
  • Dirección y horario: Museo de San Juan, 150 calle Norzagaray, Viejo San Juan, teléfonos 787-480-3530, 3551; Martes a Domingo, 9:00 – 12:00, 1:00 – 4:00 p.m.
  • Curadoría por Laura del Olmo Frese.
  • Diseño y producción de la exhibición: Martín Albarrán, Pedro Fortunata, Sandra Cintrón, y Germán Vázquez.
  • Las ilustraciones de la exhibición fueron hechas por Elena Montijo y José Martínez.

 


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Javier Martínez es artista multidisciplinario de Puerto Rico