El Espacio de Haydee Landing | Galería URI

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Se presenta en la Galería URI la obra de Haydee Landing.


Redacción/ Escrito por Javier Martínez /


El jueves 14 de octubre, en la noche, tiene su apertura en la Galería URI la exhibición de Haydee Landing, Espacios.  La artista, grabadora y profesora de la EAP presenta una veintena de piezas en esta muestra individual, la cual la artista que siempre esta activa en muestras internacionales, no exhibía en solitario desde el 1997.  Landing es una artista apasionada de la gráfica y su trabajo va a la par con un pensamiento social y político.  Su obra en el grabado se ha caracterizado por tamaños amplios, con linea sinuosa y complejidad de capas. El ensayo de la exposición lo proporciona la Poetisa y ensayista Vanessa Droz y puedes leerlo abajo.

Detalles de la obra

  • Es obra en papel y en tela con un tratamiento que simula la pintura aun cuando es grabado.
  • Las técnicas que se  han usado son: Fotopolímero, plantillas en relieve, intaglio, estarcidos, acetato texturizado, lápiz de cera y seda aguatinta
  • Su obra se ha mostrado en bienales en España, Estados Unidos, Portugal, Italia, República Checa, Polonia y Rumanía entre otros.
  • En 1997 exhibió Del blanco al negro: imágenes

Breve cartografía del espacio en Haydée Landing 


El exceso de espacio nos asfixia mucho más que su escasez. Jules Supervielle


por Vanessa DrozHaydeé Landing es una artista obsesiva, como debe ser, sobre todo en tiempos en que la complacencia con lo fácil en el arte, la relajación de las exigencias técnicas y el producto artístico de rápida producción y más veloz consumo “estético” son la orden del día. En ese sentido, la artista trabaja y vive, afortunadamente, a contracorriente.
Landing está considerada por sus pares grabadores como la más investigadora y experimental de todos, y Espacios, su primera exposición en trece años —la última, Del blanco al negro: imágenes, fue en 1997—, es evidencia de ello.
Estas cerca de veinte telas y trabajos en papel dan fe de que la artista no ha aminorado su obsesión durante el lapso de tiempo mencionado. Su participación continua en exposiciones colectivas en importantes galerías y museos en el Caribe, América Central y del Sur, Europa y África es muestra de una pasión creciente que le ha permitido ir decantando el objeto de su deseo: el espacio.

    La poética de la técnica

Haydeé Landing es, sobre todo, grabadora. Con relación a algunas de estas piezas, he dicho antes que parecería que Landing nos está advirtiendo: “Parece pintura, pero no lo es. Miren bien: ¡es grabado!”.  No obstante, la serialidad del grabado la ha sustituido la artista por “el trabajo en serie”, que no es lo mismo ni se concibe igual.
Irrepetibles, se trata de piezas únicas, en tela la mayoría de ellas, en las que la conjunción y/o el uso de distintos materiales y técnicas del grabado —fotopolímero, plantillas en relieve, intaglio, estarcidos, acetato texturizado, lápiz de cera y seda aguatinta, entre otras— conforman una sola pieza. La tela, como soporte que pensaríamos inicialmente ajeno a estos procedimientos de impresión, conduce a una ambigüedad que, entre otros elementos, hace que nos detengamos ante la propuesta plástica de Landing y nos preguntemos cómo la ha construido.
Lo que en sentido serial se “pierde”, por no tratarse de versiones numeradas de una misma obra, Landing lo compensa notablemente con el placer de la repetición, tanto en el formato —composiciones extremadamente rectangulares, tanto horizontales como verticales— como en las múltiples impresiones superpuestas y en ese telón de variados ángulos que representa la ciudad.
Habría que advertir aquí, empero, que repetición no quiere decir reducción a una misma proposición o reproducción mecánica de idéntico programa. La repetición en Landing, al igual que en tantos planteamientos plásticos actuales, contribuye a dar estructura; le permite la construcción del estilo y reincidir en su reflexión particular, en aquello que la anima a buscar la perfección en su obra#. El azar y el juego también intervienen en la repetición (y viceversa).

El imperio de la ciudad

Esta exposición es una continuación de la obsesión que se ha apoderado de Landing desde hace décadas: el espacio, la comprensión y aprehensión de éste, una de las categorías más complicadas y atendidas por la tradición filosófica y la plástica.
Espacios engarza con su exposición de 1997 en que las composiciones tienen como sustrato las mismas “descomposiciones” espaciales (en aquella ocasión eran en blanco y negro y más amplias y acá se utiliza el color y el tejido es más intrincado), en el uso del dibujo y en que esas representaciones espaciales fracturadas, al alejarse de lo que les dio origen —los ángulos y reflejos de la ciudad— apuntan a lo inédito, a propuestas absolutamente plásticas con opciones imprevisibles, del mismo modo que Mondrian, al comenzar a representar el árbol originario aquél, terminó alejándose de él para desembocar en sus abstracciones geométricas.
Representar el espacio tal cual puede ser elección obvia, pero Landing —artista moderna y experimental— opta, en su propio proceso de conocimiento, por desarmar la noción que podríamos tener del mismo. Al ubicarnos en ese “dentro/fuera” del que habla Bachelard#, quisiéramos mirar, medir la ciudad con las premisas aprendidas (ideológicas, en sentido estricto). Mas Landing nos propone esa urdimbre de líneas, ángulos, luces y reflejos que se intersecan como si nos quisiera decir: “Esta ciudad que estás viendo es la real: descompuesta y fragmentada y, por lo tanto, inestable, como la vida. La inestabilidad es lo único real”.
El “exceso de espacio” allá afuera, esa otra cárcel que no podemos entender, Landing —al enfrentarse a él y consciente de su propia y humana incapacidad para aprehenderlo totalmente— lo arma como una nueva ficción muy cercana a las invenciones arquitectónicas de una de sus influencias preferidas, Peter Milton, quien, a su vez, está tan cercano a Escher.

 

  La Ley 7

Me ha dicho la artista: “Tenía una preocupación por el espacio y no lo entendía [el espacio]. Quería presentarlo bidimensionalmente. Entonces me di cuenta de que lo que en realidad estaba buscando eran los reflejos en la ciudad, los reflejos en los cristales, pues para que haya reflejo tiene que haber ser humano, tiene que haber ojo que lo mire”. Y es que Landing no concibe su trabajo sin la presencia de la figura humana.
La aprobación a fines de 2009 de la censurable Ley 7, un pretendido estatuto de reforma fiscal que en realidad esconde una ley de reorganización del servicio público, constituyó un detonante para Haydeé Landing. “La Ley 7 me traumatizó”, confiesa. “Los despidos masivos me hicieron darme cuenta de que no valemos nada”.
De frente al estado (toda obra de arte es un cuestionamiento) y con el “exceso de espacio” de fondo, Landing nos presenta en estas piezas los rostros de ciudadanos que interrogan al interlocutor que somos. Muchos de estos semblantes se los apropió de las páginas de la prensa escrita y están dibujados de tal manera que no sabemos distinguir si son masculinos o femeninos porque no es necesario: lo que importa es su impasibilidad, en unos casos, o la amargura y el desconcierto, en otros; y, por supuesto, la fuerza de la línea del dibujo.
Numerados algunos de ellos# o invadidos sus rostros por los ángulos/reflejos de la ciudad (que se escapan para atacarlos como aristas), otros ubicados cerca de esos ceros presentados casi como bacterias en proceso de reproducción, los hombres y mujeres de estas piezas nos hablan desde su invisibilidad, desde su inexistencia. Constituyen nuestro reflejo: la obra de Landing es el espejo donde, además de reconocer la precariedad del espacio, reconocemos la nuestra. Al abandonar esta exposición, nos olvidaremos de que aquí estuvimos retratados, de que somos uno de los cesanteados por la Ley 7.
El trabajo de Haydeé Landing, contrario a lo expresado por algunos críticos, ha sido siempre muy político. Con la mirada alerta, la artista es consciente de su entorno. Le viene de sangre. En esa dirección, hay también continuidad entre su muestra de 1997 y ésta. En aquélla el sufragio femenino y las mujeres que contribuyeron a lograrlo eran sus sujetos; aquí son las víctimas de la Ley 7 sus protagonistas. No obstante, al estar todo presentado de un modo magistral en términos plásticos, estos “personajes” dejan de ser ellos mismos para ser otros y todos.

      Vitrales para la expresión

Las figuras humanas que nos presenta Haydeé Landing en estas composiciones le deben sus líneas (en algunas parecen ondas de agua), movimiento y transformación desencajada a Francis Bacon y su descomposición al checo Jiri Anderle, influencias que la artista ha destacado como importantes en su trabajo.
La red de fondo y las figuras contrastan. En primer lugar, las tramas de apoyo se concentran en los rojos y amarillos, en los azules y violetas, principalmente, y las figuras se presentan en marrones, negros o blancos. El uso de éste último en ciertas piezas les confiere un aire fantasmagórico que añade a la noción de invisibilidad. En segundo lugar, mientras el espacio, la ciudad, con sus líneas rectas da la impresión de una cuadrícula más o menos eficaz para la vida (aquella fingida estabilidad de la que hablábamos), la fluidez de las líneas del dibujo en las figuras, en su proceso de contrincantes de esa cuadrícula, complementa la composición y, por ende, completa la propuesta de Landing: el ser humano como antagonista de la ciudad, asfixiado por el exceso de espacio, reclamante de su cueva primigenia#.
La distorsión de las figuras le sirve a la artista para expresar su visión angustiada del mundo, el aislamiento del ser humano, existencias sujetas a poderes superiores y la emoción que busca encuadrarse plásticamente para explicarse. No es casualidad que en 1988, en ocasión de su exposición Evolución del pensamiento, la reconocida crítica mexicana Raquel Tibol enlazara el trabajo de Landing con una línea de mujeres artistas —Paula Modersohn-Becker, Lee Krasner, Käthe Kollwitz y Mary Beth Edelson, entre otras— de extraordinaria calidad plástica y de profunda impronta expresionista.
Estas piezas de Landing, dados el formato extremadamente rectangular seleccionado por la artista y los juegos angulares en la trama de fondo, así como el trabajo que hace con las transparencias de colores, me hacen mirarlas como altos vitrales por los que se cuela la luz. Difícil asunto éste de la luz, otra de esas categorías tratadas ad náuseam por la tradición filosófica y la plástica. Si en la Catedral de León, España, el protagonista es el fulgor que entra por las altas vidrieras#, quisiera atreverme a decir (dimensiones arquitectónicas aparte) que en estos “vitrales” de Landing la relación entre luz y espacio conforma un exceso que nos abruma y, como en la experiencia espiritual, queremos, además de sentirlo, descifrarlo.
Si Haydeé Landing es política en su trabajo, también lo es en su obsesión: “sufre” de una premeditación voraz, tanto conceptual como plásticamente, que la induce al trabajo incansable y a la búsqueda febril. Pienso que Espacios condensa años de investigación y experimentación, y que constituye, al mismo tiempo, una plataforma en la que se adivina el germen de nuevas propuestas.
Sus piezas sin figura humana se sostienen hermosamente. Sus figuras humanas, por otra parte, tan poderosas y que por tanto tiempo la han acompañado, ¿pueden dejar de existir? Alguna fórmula inédita descubrirá la artista para, en el futuro, permitirnos acceder a sus nuevas o viejas obsesiones, siempre con el nivel de excelencia que ha demostrado hasta ahora. No tengo la menor duda.
Hasta aquí hemos trazado un mapa posible del espacio tal como creemos que lo asume Haydeé Landing. Como los antiguos cartógrafos, tan pronto haga la artista nuevos descubrimientos, habrá que alterar los viejos mapas y hacer otros, pues lo nuevo siempre incide sobre lo pasado.


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Javier Martínez es artista multidisciplinario de Puerto Rico