La capacidad critica del arte actual
La revista española Lápiz en su numero febrero/marzo 2008 se dedica a reflexionar acerca de la capacidad crítica del arte actual. La ensayista Vivianne Loría analiza el poder del arte como alternativa a los discursos oficiales en “La esquizofrenia del arte”, así también el escritor José Alberto López estudia diferentes modelos de dependencia entre creación y el poder en “Relaciones entre el arte y la politica” Piedad Solans en su “Mitología de la redención versus espacio político” comenta la imagen fácil y el discurso vació de muchas creaciones artísticas contemporáneas. Bruno LeMieux-Ruibal analiza “La tentación de la banalidad” a la que sucumben artistas, críticos y comerciantes, tomando el escenario neoyorquino como ejemplo, Manuel Cirauqui explora el concepto de underground, en su artículo “El fin de una metáfora” y Galder Reguera analiza la figura del comisario(curador) y sus desmanes en el artículo “El curador, el feriante y el attrezzista”.
Hay otros artículos y secciones regulares de critica y ensayo visual pero pinta como un numero digno de colección, si alguien ya lo tiene y lo ha leído y quiere abundar acerca del mismo puede hacer su comentario.
Datos de la Revista Lápiz
- LÁPIZ es la revista en lengua española que más años lleva activa en España, desde su fundación en 1982, y es la única con periodicidad mensual. Su edición es bilingüe español/inglés.
- Otros ensayos de ediciones anteriores estan disponibles en internet como: Crisis y final de una idea del museo, o la La censura y los medios. El regreso de la isegoría
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Extracto del escrito de Vivianne Loria, toque en el link para develar el texto.
Este número de Lápiz Revista Internacional de Arte lo dedicamos a analizar la capacidad crítica del arte actual. Pero, en realidad, la cuestión de partida debería ser: ¿Por qué el arte ha de criticar el establishment ? Verdaderamente, la idea de que el arte debería mantener una actitud, digamos, “contestataria” es una invención del siglo xx . Como pronto, podríamos remontarnos al movimiento Dadá y su filosofía de épater les bourgeois , que tendría gran influencia en los movimientos postvanguardistas de mayor alcance de los años sesenta y setenta. El accionismo, el arte conceptual en todas sus facetas, el land art , el body art , etc. desarrollaron un verdadero catálogo de actividades “al margen” de la corrección política del academicismo. Irónicamente, las propuestas derivadas de esos movimientos se convertirían en la base del nuevo academicismo del arte contemporáneo, tan pródigo en expresiones conceptualistas y performáticas convertidas en patrones reiterativos como los que configuraron el canon clasicista.
Realmente, desde la aparición del concepto “arte” referido a la plástica en los siglos xiv-xv , su nicho natural estaba dentro del Sistema, encajando perfectamente en el engranaje del poder, asumiendo las labores propagandísticas y respondiendo al capricho estético de la aristocracia y la Iglesia. Es un lugar común hablar del nacimiento de los movimientos modernos como resultado de la pérdida del arte de su lugar en aquel engranaje, lo que coincidió con el auge de la burguesía del siglo xix y el paralelo desgaste del poder eclesiástico y aristocrático.
Se supone que es en el marco de las nuevas relaciones sociales en las ciudades modernas donde florece la libertad creativa del artista y se da el desarrollo de la investigación estética que conllevará la progresiva disolución de los conceptos de Belleza y representación . El arte, durante el siglo XIX , y a pesar de los progresos aún incipientes de la imagen fotográfica y de la imagen impresa, continuaba reinando en el universo de la cultura visual general. Era aún el referente y la expresión más interesante de todo aquello que podía expresarse a través de la imagen, el centro de las miradas. Hasta que apareció el cine y se perfeccionó la fotografía. El arte entonces pareció encontrar una adecuada salida a su progresiva pérdida de sentido social en el ejercicio de la crítica del poder, entendido éste como una estructura cuyo basamento se halla en los patrones de conducta conservadores. Hacia éstos se dirigían los ataques de las más beligerantes vanguardias de principios del siglo xx , ésas que vieron su simiente crecer en los movimientos plásticos de los sesenta y setenta.
Pero ya en los años ochenta pareció el arte haber renunciado a sus ínfulas transformadoras de la realidad social, vencido por la televisión y la mercadotecnia. Desde entonces, parece cada vez más desesperado por insertarse en el nuevo Sistema, éste en el que vivimos, regido por el mercado. Tal como se expresan en el arte de hoy, las preocupaciones sociales y políticas, el espíritu crítico, parecen, en su sobreabundancia y abuso de clichés, meros reclamos que no llegan siquiera a alcanzar la eficacia visual de una campaña publicitaria cualquiera. Con el manoseado pretexto de dinamitar el Sistema desde dentro, el arte ha buscado un nuevo engranaje al que someterse.












